El hombre imaginario, vive en una mansión imaginaria rodeada de árboles imaginariosa la orilla de un río imaginario.
De los muros que son imaginarios penden antiguos cuadros imaginarios, irreparables grietas imaginarias que representan hechos imaginarios ocurridos en mundos imaginarios, en lugares y tiempos imaginarios.
Todas las tardes tardes imaginarias sube las escaleras imaginarias y se asoma al balcón imaginario, a mirar el paisaje imaginario que consiste en un valle imaginario, circundado de cerros imaginarios.
Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario entonando canciones imaginarias a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario. Vuelve a sentir ese mismo dolor, ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario.


0 personas opinaron:
Publicar un comentario